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El Poder de las Pesadillas III,The Power of Nigthmares III


The final episode addresses the actual rise of al-Qaeda. Curtis argues that, after their failed revolutions, bin Laden and Zawahiri had little or no popular support, let alone a serious complex organisation of terrorists, and were dependent upon independent operatives to carry out their new call for jihad. The film instead argues that in order to prosecute bin Laden in absentia for the 1998 U.S. embassy bombings, US prosecutors had to prove he was the head of a criminal organisation responsible for the bombings. They find a former associate of bin Laden, Jamal al-Fadl, and pay him to testify that bin Laden was the head of a massive terrorist organisation called “al-Qaeda”. With the September 11th attacks, Neo-Conservatives in the new Republican government of George W. Bush use this created concept of an organisation to justify another crusade against a new evil enemy, leading to the launch of the War on Terrorism.

After the American invasion of Afghanistan fails to uproot the alleged terrorist network, the Neo-Conservatives focus inwards, searching unsuccessfully for terrorist sleeper cells in America. They then extend the war on “terror” to a war against general perceived evils with the invasion of Iraq in 2003. The ideas and tactics also spread to the United Kingdom where Tony Blair uses the threat of terrorism to give him a new moral authority. The repercussions of the Neo-Conservative strategy are also explored with an investigation of indefinitely-detained terrorist suspects in Guantanamo Bay, many allegedly taken on the word of the anti-Taliban Northern Alliance without actual investigation on the part of the United States military, and other forms of “preemption” against non-existent and unlikely threats made simply on the grounds that the parties involved could later become a threat. Curtis also makes a specific attempt to allay fears of a dirty bomb attack, and concludes by reassuring viewers that politicians will eventually have to concede that some threats are exaggerated and others altogether devoid of reality.[3] “In an age when all the grand ideas have lost credibility, fear of a phantom enemy is all the politicians have left to maintain their power.”

Perdida la confianza en la capacidad espontánea de las masas para ser mobilizada, la estrategia sería cambiada por Zawahiri; lo que movilizaría a las masas no sería atacar al enemigo cercano sino al lejano, al propio EEUU. La nueva estrategia comenzó en Kenia y Nairobi en 1998, asaltando con dos terroristas suicidas la embajada de EEUU y asesinando a cerca de 200 personas. A raíz de esto, el nombre “Bin Laden” empezaría a mencionarse en el Oeste… él, era quien había reclutado a los terroristas en un campo de entrenamiento islamista en Afganistán; sin embargo, la mayoría de quienes se entrenaban en estos campos no tenían nada que ver con Zawahiri o Bin Laden, ya que en estos campos el entrenamiento se destinaba a luchar contra regímenes en sus propios países, Uzbekistán, Cachemira, o Chechenia, con el objetivo de establecer regímenes islámicos en estos países. Bin Laden ayudó a financiar varios de estos campos, y a cambio se le dio permiso a reclutar voluntarios… no como una organización formal, sino como un reducido grupo de seguidores a sus ideas.

En Enero del 2001, comenzó el juicio en EEUU a cuatro acusados por las bombas en las embajadas norteamericanas en el Este de África. También, se decidió procesar a Bin Laden en ausencia; para poder hacer esto se necesitaban pruebas ante la ley estadounidense de la existencia de una organización criminal. Así, se utiliza a un antiguo colaborador a principios de la década de los 90 de Bin Laden con no precisamente muy buenas relaciones con él después de haberle robado dinero, y que posteriormente formó parte de servicios secretos en países árabes. Así, junto con el FBI se construye un esquema de Al Qaeda que se corresponda con las leyes norteamericanas, describiendo una organización poderosa y de carácter internacional; sin una organización fija no hay forma de perseguir a quien ha reclutado a los terroristas, y se construye así la primera imagen de Al Qaeda…

Sin embargo, se nos dice en el documental, Bin Laden y Zawahiri tan sólo tenían a su alrededor a algunos islamistas desilusionados atraídos por sus ideas de atacar occidente; estos islamistas planificaban y organizaban sus propias acciones, con la ayuda de Bin Laden para financiar y dar apoyo material a sus acciones -aun así, sin ejercer un mando directo-. Del mismo modo, el nombre Al Qaeda sólo sería utilizado por Bin Laden [i] después [/i] del 11 de septiembre, al ver que era el término que los americanos le habían dado…

Ni Zawahiri ni Bin Laden fueron quienes planearon el atentado a las torres gemelas; el cerebro detrás de los atentados, Khalid Shaikh Mohammed, acudió a Bin Laden proponiéndole un proyecto que necesitaría de su financiación, y solicitándole ayuda para encontrar voluntarios… los políticos, sin embargo, utilizarían el modelo establecido en el juicio meses antes para mostrar este ataque como la punta del iceberg en una enorme red internacional llamada “Al-Qaeda”. Como diría George Bush, “Al-Qaeda es al terror lo que la mafia es al crímen”, anunciando más de mil terroristas en más de sesenta países incluyendo los Estados Unidos; y aún más ámplio, los que los ocultan, los que les proporcionan materiales, los…

Otro efecto del 11-S fue fortalecer la influencia de los neo-conservadores en el gobierno de EEUU. Aun si Paul Wolfowitz y Donald Rumsfeld ya formaban parte del equipo de gobierno, aún la idea del “papel de América en el mundo” era ignorada de cara a la propaganda. En septiembre del 2000 Bush decía que no creía que fuera parte del papel de EEUU “salir al campo”, ellos no se comportaban de esa forma… sin embargo, tras los ataques los neo-conservadores obtendrían una influencia enorme al ver probado aquello que todas sus predicciones catastrofistas a lo largo de los 90 habían anunciado: que EEUU estaba en peligro ante tremendas fuerzas en un mundo hostil. Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Richard Perle, que sólo habían coincidido juntos en el poder en su fracaso en los 80 con Reagan al intentar proponer a la URSS como origen del mal a ser radicalmente combatido, tendrían ahora en el centro del poder una oportunidad dorada… el propio Perle, describiría esta batalla como una lucha entre el bien y el mal, donde el mal es el afán por convertir el planeta en un universo musulmán donde todos tendrían que seguir los dictados del Islam. Como hicieron construyendo a una Unión Soviética que se estaba derrumbando como un imperialismo devastador que amenazaba con armas secretas e indetectables a los Estados Unidos, ahora crearían una red internacional con Bin Laden en su centro a partir de los escasos restos de los movimientos revolucionarios fallidos de él y Zawahiri, una enorme organización con capacidad para crear el Universo Islámico del Mal…

Y qué mejor comienzo que la invasión de Afganistán, acabando con los campos de entrenamiento y mostrándolos como lugares donde se fabricaban a los terroristas de Al-Qaeda: eliminados los taliban (cuyo objetivo era la sociedad islámica en Afganistán) y los extranjeros que entrenaban en campos para cambiar regímenes en sus propias sociedades, la fantasía del poder de Al-Qaeda tan sólo crecería. Bin Laden, decía la alianza del norte, se escondía en las montañas de Tora Bora. Se nos muestra incluso en el reportaje una entrevista con Donald Rumsfeld en la emisora de televisión norteamericana NBC, diseños de lo que podrían ser los inmensos complejos de cuevas en los que Bin Laden y los suyos se escondían; dotados no sólo de todas las comodidades sino de sistemas informáticos, telefónicos, e incluso literalmente, “con entradas lo suficientemente grandes como para meter camiones, o incluso tanques”. Y como diría Rumsfeld, no es que hubiera una de esas cuevas tan complejas, es que habían muchas… pero como sería de esperar, cuando se registraron las montañas, a lo sumo se encontraron pequeñas cuevas con munición escondida… la Alianza del Norte, pagada para el registro por los norteamericanos, entregaría prisioneros acusados sin pruebas de pertenecer a Al-Qaeda, como también harían con varios de los prisioneros de campos de entrenamiento que acabarían muertos o en Guantánamo (pues los norteamericanos pagaban por cada hombre capturado y entregado).

Dondequiera que buscasen, Al-Qaeda parecía haber desaparecido… lo único que quedaba, nos dice el reportaje, es precisamente la idea de organización, de falta de necesidad de organización, y la idea de poder atacar a occidente; que podría reproducirse alzada por su aparente éxito, en grupos sin relación entre ellos… pero en EEUU, los neo-conservadores empujarían tanto la búsqueda a gran escala fuera, como dentro de sus fronteras. Se dijo a todas las fuerzas de seguridad que detuviesen e interrogaran a todo aquel que les pareciera sospechoso, y no tiene precio ver a Bush listar preocupado las ciudades en las que han detenido terroristas, acuñando entonces el término de célula durmiente; “en Buffalo, en Seattle, en Portland, en Detroit, en…”. En un caso concreto que se nos relata, el fiscal del estado acusaría a una “célula durmiente” a través de un video grabado sobre Disneylandia, hecho con tanta astucia que parecía de un turista normal,… pero ya que en un determinado momento sale en cámara un contenedor de basura, esto sería una señal sobre dónde colocar las bombas; el resto de la grabación, pretendía disimular su verdadero objetivo. Y no sería la parte más increíble de las “pruebas ocultas”, de los códigos que esta célula utilizaba para planear no sólo atacar Disneylandia sino bases militares norteamericanas a lo largo del mundo… ni la última célula hablando “en clave” como parte (durmiente) de la poderosa Al-Qaeda. De las 664 personas detenidas desde el 11 de septiembre, ninguna ha sido condenada por pertenecer a Al-Qaeda, y sólo 3 por asociación con algún grupo islámico.

Aun habiendo grupos extremistas islámicos como los ha habido también en otros tiempos pero ahora inspirados por la ideología en decadencia de Zawahiri y Bin Laden, la diferencia, se nos dice en el reportaje, es que la respuesta de las sociedades estadounidense y británica ha sido la construcción de una fantasía simplista de una red todopoderosa que puede atacar en cualquier lugar y en cualquier momento; esto, conviene por un lado a los propios islamistas radicales que alimentan este mito, hasta el punto de que islamistas cercanos a Bin Laden detenidos y llevados a EEUU han hecho confesiones tremendas de atentados futuros increíbles (incluso detallando como se inspiraban viendo Godzilla en Afganistán para pensar en su magnitud y destruir el Golden Gate), incluyendo las “bombas sucias”; explosivos normales con material radioactivo, que se explica en el documental cómo resultarían según los estudios científicos y los experimentos del ejército norteamericano un material demasiado disperso como para que la radiación matara a nadie, y sin efectos a largo plazo con una limpieza adecuada de los residuos, idea abandonada por su inefectividad como arma.

Por supuesto, todo esto convendría a los neo-conservadores; ahora sería el momento de establecer a EEUU como el país capaz de luchar contra el mal a lo largo del mundo, dando sentido y significado a los ciudadanos americanos. Y el siguiente paso sería relacionar a Al-Qaeda con Iraq y meter las armas nucleares de por medio… “Imaginen a los secuestradores [del 11-S] con otras armas, otros objetivos,… esta vez armados por Saddam Hussein”, diría George Bush. La política habría de basarse, tanto por parte de Bush como por parte de Blair, en la prevención de la peor pesadilla imaginable en el futuro,… es decir, que no tener pruebas de que algo pueda suceder, no debería ser impedimento para tomar medidas para evitar que suceda; lo que es lo mismo que decir que actuar sin prueba alguna está justificado, o borrar la línea entre el inocente y el culpable como anunciaría el fiscal general del estado en EEUU al hablar del paradigma de la prevención; deteniendo a individuos bajo las nuevas leyes terroristas no por lo que hubieran hecho, sino por lo que podrían hacer en el futuro… y este, es el precio que la sociedad ha de pagar al enfrentarse con un enemigo hecho en gran medida de fantasías como Al Qaeda: imaginando lo peor que podría suceder con una organización que tan siquiera existe… pero al fin y al cabo, ¿no se trata de imaginar el peor de los futuros sin prueba alguna? ¿Y cómo sabremos cuándo ha acabado, cuándo ha desaparecido la amenaza, si cuando bajemos la guardia será cuando probablemente haya otro ataque?

En un momento en que el poder político pierde su credibilidad y carece de proyectos y de un sentido de la dirección, concluye el reportaje, lo único que le queda para sostenerse en el poder es el miedo a un enemigo fantasma.

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